NUESTRA HISTORIA

¿ TU HISTORIA ?

Conociendo la libertad

Increible pero cierto.

En nuestra historia sólo puedo contar lo que nos pasó. Contar otra cosa, sería Inventar. Lo contaré a modo de cuento o parábola para que sea más ameno. 

Puede que represente algún momento de tu vida y te resulte familiar. Si no es así, descubrirás cómo se han sentido otros o quién sabe, cómo te puedas sentir en un futuro.

Había crecido con muchos de ellos. Muchas caras me eran conocidas. Allí nos metieron de pronto. De la semi-libertad que disfrutábamos, a estar varios días encerrados en un hall enorme. Sentíamos que algo iba a pasar. Lo que nos quedó claro al tiempo, es que la puerta por la que entramos no volvería a abrirse y no podríamos volver atrás. Menos mal, que era el final del verano y ya no hacía tanto calor. No tuvimos que esperar mucho.

Comienza la gran aventura

     Nos abrieron la puerta y nos invitaron a subir. Delante unas estrechas escaleras. Cuando todos estábamos dentro y repartidos por las escaleras, cerraron la puerta. Nuestra intuición nos dijo, que esa puerta tampoco volvería a abrirse.

     Subimos ansiosos de encontrar una salida, una ventana, aire fresco, una puerta abierta, pero no había más que escaleras que subían y subían y terminaban en una planta donde solo se veía el número de la planta en el centro y muchas puertas. Cuando digo muchas, son muchas. Las escaleras entre planta y planta eran interminables. Parecía una broma pesada.

     Las puertas estaban cerradas con llave y es curioso, que las puertas comenzaban a partir del piso 14, o 12, o…. no recuerdo bien. Pero antes, creo que no había. Sólo escaleras y en la planta, el número en mitad de la pared y sin puertas.

     Nos empezamos a hacer preguntas entre el nerviosismo, la incertidumbre, y la impaciencia de algunos por llegar a algún sitio. Preguntas como ¿Por qué nosotros no teníamos las llaves? ¿no era mi planta?, y cómo no, preguntas sobre qué habría detrás de las puertas y sus secretos tan bien guardados.

Pero, ¿por qué estaban cerradas?.

Seguíamos subiendo, y por el camino empezamos a encontrar algunos objetos. La verdad, la gran mayoría, no los habíamos visto nunca, pero los guardamos. Ya exhaustos y desesperados, frente a una puerta, descansamos y soltamos en el suelo muchos de aquellos objetos. Los miramos, miramos la puerta, nos miramos, y empezamos a chillar y saltar, como si fuera una escena de Odisea del Espacio 2001. Alguien dijo, ¿serán herramientas?. Más saltos, más gritos, faltaba la música de fondo y golpearnos el pecho con los puños.

De pronto aquel bullicio se apagó y vinieron las caras de duda. ¿Cómo usar todos esos objetos que habían llamado herramientas? Probamos a abrir la puerta con alguno, nada. Con varios a la vez, nada. Nos llevó tiempo, pero conseguimos abrir una puerta. Cuando vimos lo que allí había, casi fue mejor seguir subiendo y probando, la gran mayoría de nosotros. Alguno se quedó.

Algunos se conformaban

     Estábamos entre la planta 15 y 20. Ya habíamos conseguido abrir alguna puerta más. Parecían ofrecer algo más que subir y subir sin saber por qué. Calor, cobijo, algo de seguridad, saber dónde estaré mañana, son algunas de las razones que daban lo que decidieron quedarse y Conformarse. Algunos que entrábamos, hacíamos parada técnica para coger fuerzas y seguir subiendo.

Poco a poco, el grupo inicial se fue disgregando. Unos con pena se despedían, otros con alegría se quedaban y otros nos íbamos reincorporando al viaje de subida, a veces con viejos conocidos y otras, con personas que hasta ese momento no habías coincidido, pero era agradable subir mientras escuchabas sus aventuras.  En algunas ocasiones, hicimos una fuerte piña y nos dio hasta pena que alguna puerta se abriera y se quedara alguno de nosotros. Bueno alguno. Muchos se quedaron entre la planta 20 y 25 y no les volví a ver.

     Estábamos entre las plantas 25 y 30. Cada vez nos costaba menos abrir puertas. Aprendimos por nosotros mismos a usar esas herramientas cada vez de manera más eficaz. Aunque algunas puertas se nos resistían, siempre las más bonitas. Porque no todas las puertas eran iguales.

     Sería que, ¿no sabíamos usar correctamente esas herramientas o su conjunto?. Muchos, cansados de la subida, atraídos por más Comodidades de las que teníamos, se quedaban cada vez más en plantas. No es que fueran muy bonitas, pero algo ofrecían. Cada vez menos, seguimos subiendo.

     – ¡Alto!, ¡una puerta abierta! – así, ¿tan fácil? Corrimos dentro, felices. Además, había tanta luz y olía tan bien. – Mirad que vistas – corríamos. – Mirad que sillones – nos sentamos cómodos. Alguien apareció con amable bienvenida. – Os estaba esperando, – sonrió y todos nos miramos asombrados.

Nos invitó a que le siguiéramos por un pasillo tras atravesar ese enorme hall luminoso y que olía a bollería recién hecha.

Atravesamos una enorme cocina donde había mucha gente haciendo cosas y otros comiendo, atravesamos varias salas y me llamó la atención las caras de los que estaban allí, cómo nos miraban algunos. Intenté leer esas miradas, pero no acertaba. Unas parecían decir bienvenidos y que sonrieran, aunque tímidas, otras parecían mostrar envidia hacia nosotros y nostalgia a la vez, como si nosotros fuéramos afortunados en lugar de ellos de llevar ahí tiempo. Y otras miradas, parecían querer avisarnos de algo de manera inquietante.

No me sentía tranquilo

     Llegamos a una gran terraza. Al aire libre. Sol y viento en la cara, y fue entonces cuando aquel hombre parecía que iba a soltar un gran discurso, porque incluso se subió a un pequeño escalón, cuando al empezar a hablar, el gran rugido de nuestras tripas le interrumpió. Entendió rápido cual era el discurso que necesitábamos oír en ese momento, y volvimos pasillo atrás a cocinas.

     Habían pasado algunos días. Muchos estaban contentos y entretenidos. Nos habían asignado tareas para mantenernos ocupados, o eso creíamos. Unas mejores que otras. Había quien no les gustaban, pero parecía estar más satisfecho cuando llegaba la hora de la comida y el descanso.

     Había un sentimiento en mi de intranquilidad. No entendía por qué aquella puerta estaba abierta y todo allí parecía fácil. Fácil, o simplemente, había cosas que no habías tenido hasta ahora y eso nos atraía. Unas me gustaban y otras no.

Seguir buscando

     Ya había estado en algunas plantas y puertas. La que tenía algo que me gustaba, le faltaba algo que otra tenía. A esta donde estaba, ¿qué le faltaba y qué le sobraba? Pensé un rato y aparecieron en mi cabeza algunas respuestas, pero en medio, la intranquilidad no me dejaba pensar con claridad. ¿Sería un aviso de algo? ¿una intuición? En mi cabeza repicaba más lo que no me gustaba que lo que allí tenía. Tenía algo claro. ¿Por qué renunciar a eso que me gustaba? Fui a buscarlo.

    A la mañana siguiente, volví a salir a las escaleras. Se me había olvidado aquel olor a cerrado y el trasiego de personas. Pero vi algo que hasta ahora, nunca había visto en otros tramos de escaleras. Siempre más abajo, había visto solo subir. O te quedabas o subías. Era la primera vez que veía a gente bajar.

Ya por la planta 40

     Las caras de los que bajaban eran distintas. Los que subíamos, no es que siempre tuviésemos cara de entusiasmo, a ratos de preocupación o concentración. Pero esas caras de bajada llevaban más de miedo, aun sabiendo lo que había abajo pues ya lo conocían, que sin saber lo que había más arriba.  No me paré a pensar mucho más. Seguí mi camino.

     Estaba entre las plantas 35 y 45. Ya no había tantas puertas por planta. Se habían reducido mucho las posibilidades. No era yo el único que seguía buscando un sitio donde fuera mayor el número de cosas a favor que en contra. No tenía tan claro eso que era A Favor, pero si, cada vez reconocía antes lo que era En Contra, y eso es lo que no quería.  

     Cada vez menos puertas y también eran más feas. O yo las veía así. Será que cada vez estaba más cansado. Además, mis herramientas ya estaban algo desgastadas por lo que me costaba más abrirlas. Cuando lo conseguía y entraba, me daba la sensación de que allí estaban locos. Pedían cosas absurdas y ofrecían cada vez menos. ¿Sería el motivo de los que vi bajando escaleras? ¿por qué estar en un sitio donde piden tanto, pero ofrecen lo mismo que cuando estaba más abajo? Veo algo de lógica de por qué algunos bajaban. En fin, sigo subiendo.

Más gente subiendo y bajando. Solo que ahora a los que bajaban, les sonreía y daba ánimos. De alguna manera empatizaba con ellos, pero por otro lado sentía rabia. Rabia porque sabía que venían de alguna puerta en la que aún yo no había estado, y habrían encontrado algo que por lo que preferir bajar. Me hacía pensar, pararme a veces, y dudaba si bajar y volver a alguna puerta conocida y conformarme. Pero, ¿y todo lo ya recorrido?, ¿todo ese tiempo, energía y aprendizajes de que me serviría?

     Al llegar a un rellano, donde se congregaba mucha gente, todos miraban una puerta. Estaba abierta. Pero esta vez, no entraban corriendo como en aquella otra ocasión. De dentro, no salía ningún olor, ni bueno ni malo. No se percibía nada especial. ¡Estaba casi vacía!. Algunas pocas cosas amontonadas tapaban la luz que entraba y la sensación de no ofrecer nada era lo único que llenaba aquel espacio. – ¡No pierdas el tiempo, está vacía, no te ofrece nada! – es lo que se decían unos a otros cuando alguien asomaba la cabeza.

     Decidí esperar a que se despejara un poco. Algo me retuvo allí apoyado en la pared, observando.  Casi no había gente, al menos en la puerta. Me acerque, bendita curiosidad.

     Empujé la puerta y así era ¡Estaba vacía!. Pasé y comencé a andar hacia aquel montón de cosas apiladas. Me senté frente a ellas, sin perder de vista la puerta, tenía miedo que se cerrara y quedar allí atrapado en aquel lugar oscuro, vacío y sin nada que ofrecer.

Todo por hacer

    Tras un largo rato, decidí levantarme de una mala postura. Mis piernas me fallaron y me hicieron tambalearme y chocar con la torre de cosas apiladas. Se esparció entera por el suelo. Miraba abajo con la boca abierta hacia aquel desastre que provoqué. Cuando alcé la mirada, vi que aquel montón había tapado una puerta grande y un ventanal por el que ahora entraba gran cantidad de luz e iluminó toda la estancia. Toda esa luz, me permitió ver el esplendor de aquel lugar.

     Entonces comprendí algo. Mi cara se encendió. Ese lugar, ¡no estaba vacío!, ¡estaba por hacer!.

     Volví a caer al suelo, sentado, pero no voluntariamente. Mi cara, parecía haber visto un fantasma, o mejor, parecía haber encontrado el mayor tesoro de cien piratas escondido. Contenía la respiración con la boca abierta, y mis piernas accionaron otra vez, pero no erráticamente como la anterior, si no corriendo a cerrar la puerta.

     ¡¿Cómo no lo habíamos visto antes?!. En el viaje, habíamos pasado por muchas puertas en diferentes plantas.  Pero lo que allí había, no era lo que había en un principio. En su día, también estuvieron vacías, y fue alguien quien le dio un sentido. Su sentido. Con sus cosas buenas y malas. Con sus aciertos y sus errores, pero, al fin y al cabo, eran suyos. Los demás éramos unos invitados a su espacio, con sus normas y reglas, jugábamos a su juego.

     Tranqué la puerta. Bien desde dentro para que nadie, de momento, pudiera pasar. Ordené todo lo que había, hice una lista en mi cabeza, de esas cosas, de lo aprendido en mi viaje, y empecé a usarlo todo. A crear.

     Al inicio, me basé más en lo que no quería, y una vez conseguido, encaminé mi proyecto hacia lo que había conocido y me hacía sentir bien. Nuevas ideas me surgían, no sólo de lo conocido. Me inspiraba haber escuchado a muchos mientras subíamos escaleras, en ratos buenos y malos y dentro de aquellas puertas también. Y seguí creando y construyendo no sólo para mí, si no pensando en cómo podría hacer sentir lo mejor posible a los que vinieran a mi puerta. Que mejor motivación.

     Podría ayudar a muchos que a esta altura del viaje vi como andaban por las escaleras.

     Mi nuevo propósito me hizo acelerar mi trabajo. Tenía prisa por desbloquear la puerta y que empezara a llegar gente. No estaba terminado del todo, pero algo así, pensé que nunca se terminaría de hacer. Si no empezaba ya, no conseguiría detectar los fallos cometidos, porque seguro que los había, y seguiría construyendo sobre errores. Si esperaba a tenerlo todo perfecto, puede que nunca llegara a pasar nadie ni a pasar nada.

     Desatranqué la puerta y me senté a esperar. Hice una gran jarra de café, como si esperara a mucha gente. Nadie pasó. ¿Será que aquella puerta estuvo tanto tiempo cerrada que la gente ya pasaba de largo y no paraba?. Más tarde, volví a hacer más café, abrí las ventanas para que entrara mucha luz, viento fresco y pasara el olor de las plantas del jardín que había sembrado y ya habían florecido. La luz, aquel olor a jardín fresco mezclado con el del café y un sentimiento de paz y tranquilidad me hicieron empezar a cantar, feliz. Y alguien abrió la puerta, quizá, invitado por aquella mezcla que percibiría desde el otro lado. No canto nada bien, pero igual percibió la felicidad.

Gracias a un gran EQUIPO

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     Así fue como empezó a llegar gente. Un día tras otro. Quizá a esas alturas de las escaleras, la vida les traía más tranquilos pero llenos de historias, de sabiduría, paciencia y buen hacer.

    Buen hacer que supe aprovechar, escucharlo y corregir errores que había cometido cuando inicié sólo. Se había formado un gran Equipo a mi alrededor. Todo no estaba hecho, se podía modificar. Y así lo hice saber. Sólo había que escuchar un poco para poder adaptar a los próximos que vinieran. Así el equipo crecería, más grande, más variado, más fuerte. Entre más, construiríamos más.

     Pensábamos que cuando empezamos aquel viaje, ya hace mucho tiempo, en ese hall enorme de la planta baja, tras abrir la puerta que nos llevó al comienzo de las escaleras, nuestro cometido era sobrevivir. Encontrar un sitio, cómodo y adaptarse para convivir lo mejor posible. Ninguno de los que había llegado tiempo antes a aquellas puertas, nos dijo la verdad o lo que le había sucedido. Que él, había creado aquello desde cero y que había más puertas así, en las que poder crear tu mundo también, a tu modo, a tu manera. ¿Por qué no lo decían? ¿Habían creado un mundo en el que para que se sostuviera su confort, necesitaba de todos aquellos que entrábamos? Por eso incluso, encontramos alguna puerta abierta invitando a entrar con ricos perfumes.

     Cada vez lo tenía más claro que no me había equivocado. Había aprendido lo que era la palabra Emprender. Cada vez había más gente conmigo. Y no sólo me beneficiaba yo, si no que compartía mi beneficio con los demás, con mi gran Equipo. No se trataba sólo de que estuvieran agradecidos por tener un sitio, comida y seguridad. Compartía mi propósito con ellos, que este además se convertía en nuestro beneficio. Compartido el beneficio impulsó el éxito de mi proyecto, ¡de nuestro proyecto!, ¡NUESTRO ÉXITO! Porque ya no era sólo mi éxito. Era para todos nosotros, para todo nuestro EQUIPO.

¿ FIN ?

No. Otro GRAN COMIENZO

Durante los caminos que transitemos encontraremos curvas cerradas, grandes piedras o incluso que el camino desaparece ante nuestros pies. Nos acompañará el clima (lluvia, frío, calor), y se incorporarán más Elementos indeseables (malas personas, enfermedades, tragedias).

Pero a pesar de las inclemencias, TODO, está ahí a fuera. Dentro de tu casa no sucede nada. Siguiendo en tu círculo, sucede lo mismo. Pasará el tiempo hasta que un día se haya terminado, y habrás vivido, siempre lo mismo. NO DEJES DE BUSCAR Y SEGUIR APRENDIENDO.

Un proyecto nuevo es divertido. Es el nuevo miembro de tu familia. Lleno de ilusión, empezáis a andar juntos. Y es cuando empieza la Creación. Tu mente y tu corazón se disparan a 1000. Imágenes, ideas, pintar esto, escribir aquello, cortar, copiar, enviar…. crear y crear. ¡ Te sientes vivo !. 

Saber aprovechar la ocasión cuando te ofrecen esos atajos, o andarás entre la maleza perdiendo tiempo. Los atajos te los brindará tu cabeza con el tiempo y la experiencia, o pueden venir de ayuda externa. BÚSCALA Y APROVÉCHALA. Si puedes llegar antes, hazlo.   

Acción, crear, hacer, acción, crear, hacer, acción… Pero, ¿de qué vale tanta energía gastada, si no se canaliza de manera Inteligente?. ¿Siempre sabemos hacerlo? ¿Pensamos que lo sabemos?. Recurrir a ayuda y consejo, es inteligente. La ayuda puede venir de mucha fuentes, libros, podcast, vídeos, un coach, formación, alguien experto. MÁS INTELIGENTE, MÁS RÁPIDO. 

Ser agradecido con lo recibido. Primer paso es detectar lo que se recibe. Desde el oxígeno que respiramos hasta una mirada. Agradecer a tus colaboradores, a quien hace posible lo que recibes o no recibes. Todo volverá a tí. Llegará.

Gracias por leer Nuestra Historia, por estar aquí y querer ser parte de los que quieren hacer cambios y mover la palanca de tu vida y nuestras vidas. GRACIAS.